Las marcas chinas de autos han ganado presencia en mercados como el mexicano, en parte gracias a estrategias comerciales agresivas. Sin embargo, algunas prácticas recientes están generando preocupación tanto en China como a nivel global.
Wei Jianjun, presidente de GWM (Great Wall Motors), ha señalado públicamente una de estas prácticas: registrar vehículos nuevos como vendidos para inflar cifras de ventas, cuando en realidad no hay un comprador real. Posteriormente, estos autos se ofrecen como usados, aunque jamás hayan sido manejados.

En México esta maniobra es conocida en la industria como «pitufeo». No es exclusiva de las marcas chinas y se ha utilizado para mantener posiciones en rankings de ventas o esconder malos resultados. Recuerdo el caso de Renault Kwid que vendían por $199,900 pesos, unidades que probablemente habían sido reportadas como vendidas y que después realmente tenían que trasladar a algún cliente.
Los efectos para el consumidor son múltiples. El primero es la depreciación del modelo: si unidades “nuevas” se rematan con fuertes descuentos, el valor de reventa para quienes compraron legítimamente se desploma. Marcas como BYD han sido señaladas por ofrecer autos como el Qin L con descuentos de hasta el 40% respecto al precio original.

Además, estos vehículos pueden haber pasado meses almacenados, lo que afecta la condición general y acorta su vida útil. Otro problema grave es la garantía: esta inicia desde el momento en que el auto es registrado como vendido, no desde que llega al cliente final.
Aunque el crecimiento de la industria automotriz china es indiscutible, algunas marcas enfrentan serios retos que intentan resolver con tácticas poco éticas. El impacto, lamentablemente, termina afectando al consumidor.







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