Las políticas arancelarias impulsadas por Donald Trump empiezan a mostrar su lado más crudo para la industria automotriz.

No solo están encareciendo vehículos y productos del día a día, también están afectando la producción global de autos. América del Norte, particularmente, se perfila como uno de los focos más sensibles, con una baja proyectada tanto en ensamblaje como en ventas dentro del mercado estadounidense.
Según S&P Global Mobility, al cierre de 2025 podríamos ver una producción total de 87.9 millones de unidades nuevas, lo que representaría un descenso del 2% respecto a 2024, es decir, alrededor de 1.55 millones de vehículos menos. Sería el segundo año consecutivo con números negativos, arrastrando aún los efectos de las interrupciones en plantas japonesas del año anterior.
El epicentro del golpe será Estados Unidos, donde casi el 50% de los vehículos vendidos son importados y donde entre un 30 y 60% de las autopartes también llegan del exterior. En ese contexto, los analistas prevén que la producción en Norteamérica caiga hasta un 9% en 2025, con una contracción en ventas cercana al 3%, reflejando un mercado presionado por el encarecimiento de insumos y restricciones logísticas.

Pero esto no se detiene ahí. Algunas marcas ya están tomando medidas drásticas. Audi y Jaguar Land Rover han suspendido temporalmente sus exportaciones hacia EE.UU., a la espera de un eventual alivio fiscal por parte de la administración Trump, mientras terminan de colocar su inventario actual. Otras, en cambio, optaron por reconfigurar su operación global para adaptarse al nuevo escenario.
Volvo, por ejemplo, producirá un segundo modelo en suelo estadounidense, posiblemente el XC60 o XC90 en versiones híbridas. Honda también llevará la fabricación del Civic Hybrid a América, y Mercedes-Benz planea aumentar su capacidad instalada en EE.UU., aunque con una advertencia clara: estos cambios tomarán años antes de verse reflejados en volumen.
Mientras tanto, el CEO de Volkswagen Group, Oliver Blume, confirmó que Audi ya negocia la instalación de una planta en EE.UU.. Aunque Volkswagen cuenta con infraestructura local, todos los Audi vendidos en Norteamérica siguen siendo importados. A primera vista, puede parecer una victoria estratégica, pero producir localmente implicará costos más altos, en buena parte debido a los salarios y condiciones laborales de la industria estadounidense. Un panorama que pone a prueba la elasticidad de la industria… y del consumidor.







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